Por Marcelo Batiz - DYN
BUENOS AIRES.- En una maraña fiscal en la que nadie sabe a ciencia cierta quién paga qué a quién, los subsidios a sectores económicos pasaron de representar el 2,9% de los ingresos tributarios en 2005 al 13,1% en lo que va de este año. Las proyecciones para todo 2011 apuntan a que los subsidios llegarán a $ 70.000 millones. Al lado de eso, el ahorro de $ 600 millones anunciado parece insignificante -menos del 1%-, pero puede llegar a ser un tímido comienzo de una tarea que tendrá que abordarse más por necesidad que por virtud. La inercia llevaría a los subsidios a $ 100.000 millones en 2012. Los efectos combinados de la inflación y la importación de combustibles dejan en evidencia el cuello de botella de la economía: por falta de inversiones en infraestructura básica, el crecimiento del consumo sólo puede ser satisfecho con más importaciones, a menos que se apueste a la recesión. Para no pagar con un bolsillo aumentos en las tarifas de servicios, una familia tipo paga por día $ 20 en subsidios con el otro. La ecuación sería atendible si se buscara una redistribución del ingreso en favor de los sectores sociales más desprotegidos y las regiones geográficas más postergadas. Pero la realidad está lejos de eso: por cada peso destinado a la Asignación Universal por Hijo, se gastan ocho en subsidios a empresas. Millones de personas que viven a más de 1.000 Km de un subterráneo, pagan religiosamente para subsidiarlo. Lo admitió Amado Boudou al ponerse como ejemplo de vecino de Puerto Madero que cuenta con los beneficios del agua, el gas y la electricidad subsidiados. Le faltó explicar qué Gobierno fue el autor de esa injusticia. Pero tendrá tiempo para anunciarlo mientras decide qué hacer con el 99% de los subsidios que continúan. (DyN)